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II. EL MOBILIARIO Y SUS TIPOS (siglos XVI-XVII)

0.7. EL MOBILIARIO Y SUS TIPOS (siglos XVI y XVII)

El descubrimiento y conquista de América supone la recepción de nuevas materias como las maderas exóticas (cedro, caoba, ébano…) y la concha que cambiarán el aspecto del mobiliario dándole una singular riqueza tonal hasta entonces desconocida.  El colorido de las maderas de Indias posibilitará, en incrustaciones y marquetería (chapeados), unos efectos variadísimos y brillantes. También serán frecuentes, sobre todo durante el XVII, el hueso y el marfil. El primero, especialmente para taracea, y el segundo, parea placas grabadas que adornan muebles como los escritorios.  La concha o carey tuvo su mayor difusión  también en el XVII. Además, seguirá utilizándose el hierro en cerraduras, asas, refuerzos… y ahora además en fiadores de mesas y bufetes. La afluencia de grandes cantidades de plata permitió su utilización frecuente como complemento decorativo (relieves, figurillas, balaústres, remates, bocallaves, etc.) e incluso no fueron excepcionales los muebles (mesas, sillas, braseros, arquillas…) realizados enteramente en esta materia. El bronce también se empleó, con más frecuencia aún, como complemento decorativo.

El torneado en camas y sillas adquiere un auge extraordinario. La taracea y la talla son las técnicas decorativas más empleadas.

1. EL ESTRADO, LA SILLA DE BRAZOS Y LA MESA BUFETE

2. ESCRITORIOS. GENERALIDADES.

3. ESCRITORIOS DE TALLA, DE TARACEA Y DE ADORNOS GEOMÉTRICOS

4. ESCRITORIOS ARQUITECTÓNICOS Y CHAPEADOS

5. LAS CAMAS

Prevalece la estructura de los períodos románico y gótico compuesta por altos pilares de madera que sostienen un dosel, llamado comúnmente cielo, del que penden las cortinas, que irán desapareciendo progresivamente a lo largo del siglo XVI.  A fines del siglo XV aparecen en Italia las camas de columnas, conocidas en España desde principios del siglo XVI. cuyos soportes suelen ser de forma arquitectónica, por lo general con balaustres helicoidales que, en su versión de tipo salomónico, tendrán un gran éxito durante el Barroco. En esta época la decoración se irá enriqueciendo con capiteles y esculturas de bulto redondo y con jarrones, pináculos o penachos rematando los montantes [Figs. 1 y 2]. Se hacían de nogal, pino, álamo blanco, doradas y policromadas. Podían llevar cabecero y a veces piecero, ricamente tallados, con motivos vegetales y escudos blasonados.

En la segunda mitad del siglo XVII surge en la Península Ibérica un modelo de influencia portuguesa, de columnas o medias columnas de torneado helicoidal y grandes lentejas (a modo de discos), con cabeceros compuestos por varios registros –por lo general tres– decrecientes de arquillos, con pinjantes también torneados, y con un copete profusamente decorado con motivos de ángeles que enmarcan una representación mariana, a veces ubicada en el centro de los dos primeros registros [Figs. 3-6]. Estas camas eran desmontables, y perviven hasta el siglo XIX. El efecto de riqueza se ve acrecentado por los materiales, generalmente maderas oscuras, en un principio caoba, y más tarde el palo santo, amaranto, granadillo y ébano, y aplicaciones de bronce dorado y calado Estas camas portuguesas fueron imitadas en Castilla y otras ciudades del norte de la Península.