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0.4. PLATERÍA DEL RENACIMIENTO (siglo XVI)

0.3 PLATERÍA DEL RENACIMIENTO (siglo XVI)

El siglo XVI constituye el período más brillante de la platería española y muy especialmente de los centros plateros castellanos. Esto último no es exclusivo del arte de la platería, sino de la cultura y el arte españoles en general. Ello fue posible gracias a la prosperidad y expansión económica del período, consecuencia en gran medida del flujo constante de grandes cantidades de oro y plata desde América.

1. LA ORNAMENTACIÓN

1. PLATERÍA DOMÉSTICA

1.1. El jarro aguamanil

Dentro de la platería doméstica europea el tipo más característico es el jarro aguamanil de cuerpo ovoide con ricas labores de repujado y el asa de forma caprichosa, extravagante, conocido en España como jarro “a la flamenca” por su presumible procedencia flamenca y que es el que estudia Juan de Arfe en su De varia commensuración, de 1587.

En España, sin embargo, se popularizó un modelo distinto, de proporciones más pequeñas y de tradición medieval, que constituye una de las piezas más significativas –y estimadas entre los coleccionistas actuales– de la platería hispánica hasta el siglo XVIII.  A lo largo del último tercio del siglo se codificará un tipo –con precedentes en ejemplares fechados a mediados del siglo– que va a perdurar durante todo el siglo XVII. Este se caracteriza por ser de plata dorada por lo general (los hay también de bronce), cuerpo cilíndrico sin tapador e ir sobre un pie circular de diámetro pequeño en relación con las dimensiones del cuerpo del jarro, llevar mascarón bajo el pico y asa de forma variada según se realizara en Sevilla o Valladolid. Las diferencias entre el jarro sevillano y el realizado en Valladolid son mínimas, pero demuestran el afán de los plateros de una y otra ciudad por dotar a sus piezas con rasgos peculiares.

a) El jarro sevillano, que se difunde por Andalucía, es de cuerpo alto con base semiesférica a la que se adosan (soldadas) molduras a modo de contrafuertes, y asa en forma de número cinco invertido que se alza sobre la boca; el mascaron suele ser de un viejo barbado de rostro grotesco. Su altura total oscila entre los 22 y 23 cm.

b) El jarro vallisoletano. Los elementos característicos de este tipo son el asa en forma de número siete, forma casi plana de la base del cuerpo y mascarón, por lo general, con cabeza de joven velada, aunque también existen ejemplares con mascarón masculino con alas. Su altura suele ser de 17/18 cm.

2. PLATERÍA RELIGIOSA

 A lo largo del siglo XVI las piezas irán perdiendo progresivamente los elementos propios del estilo gótico para adquirir la típica estructura renacentista.

2.1. El cáliz y demás piezas de iglesia

2.2. La custodia procesional o “de asiento”

Su estructura continúa la tradicional del siglo XV inaugurada por Enrique de Arfe, aunque ahora, en lugar de la piramidal continua se prefiere la de templete arquitectónico de planta centrada y varios cuerpos escalonados. Durante el Renacimiento, sin embargo, no preocupa tanto el ímpetu ascensional como la perfecta correspondencia entre sus partes. En la custodia renacentista se busca la claridad estructural, la nitidez de los distintos pisos que se elevan sobre planos horizontales frente al abigarramiento decorativo de las góticas, que ocultaba la estructura. En los ejemplares platerescos, no obstante, la ornamentación continúa siendo menuda y abundante, pero se tiende a distribuirla con orden y simetría.

La escultura adquiere mayor importancia. Por lo general son de mayor tamaño y de una ejecución más fina, de manera que por sí mismas constituyen pequeñas obras maestras. Avanzado el siglo XVI, los relieves y figuritas en plata, aisladas o formando grupos o composiciones de varios personajes, se inspiran en la escultura o pintura contemporáneas, introduciéndose ya un manierismo de carácter figurativo en relación con el que cultivan en el área de Castilla los escultores y pintores de la zona. En un primer momento se acusa la huella de las formas estilizadas, expresivas e inestables de Alonso Berruguete (†1561) y su círculo, para pasar después a reflejar la monumentalidad, las potentes anatomías y los violentos escorzos miguelangelescos o más inmediatamente romanistas derivadas de Gaspar Becerra (†1568).

Si en un primer momento estas representaciones figurativas poseen carácter narrativo, después de Trento, tendrán una función docente, conforme a un programa destinado a elevar la cultura teológica de los fieles.

2.2.1. Los plateros y las custodias del cambio de estilo

2.2.2. Juan de Arfe (1535-1603): su obra teórica y práctica

El platero más importante y uno de los artistas más sobresalientes del período es Juan de Arfe que, entre 1585 y 1587, publica en Sevilla los cuatro libros de su tratado De Varia Commensuración para la escultura y la arquitectura, el más completo en cuanto a teoría artística del renacimiento español, y que estuvo vigente hasta comienzos del XIX (última edición en 1806).  Años antes, en 1572 publica su Quilatador de la plata, oro y piedras, obra práctica de gran interés dirigida a los plateros para instruirles en asuntos propios de la profesión (técnicos y métodos para pesar y ensayar la plata). El objetivo práctico de la Varia, dice, es el dotar a la profesión de platero de unos conocimientos de geometría, matemáticas, y proporciones necesarios para alcanzar la perfección en sus obras y la categoría y dignidad de arte liberal para el oficio (de hecho, a él le gustaba que le denominaran escultor de oro y plata más que platero). El último libro lo dedica al estudio  de las principales obras de plata religiosas, reproduciendo los tipos recomendados y  sus proporciones, que va a tener una gran trascendencia en la obra de otros artífices. comienza describiendo las andas, “hechas para llevar en hombros las cosas sagradas”, a las que clasifica según los órdenes arquitectónicos. de las restantes hace una división por tipos: piezas de altar y pontificales, es decir para la celebración de la misa (cáliz, portapaz, candeleros, cruz de altar, aguamanil y fuente, y báculo); piezas de procesión (cruz y cirial, incensario y cetro); de capilla (blandón y lámpara), y, por último, de las custodias de asiento y portátiles. Arfe se muestra partidario en su tratado del clasicismo, mientras que su obra práctica refleja evidentes ataduras con el Manierismo, sobre todo en el aspecto decorativo (custodia de Sevilla), del que parece desprenderse en sus últimas obras.

A este artífice se deben algunas de las custodias de asiento más importantes de la platería española (y por ende europea): las de las catedrales de Ávila, Sevilla (con cerca de cuatro metros de altura) y Valladolid. 

2.2.3. Francisco de Alfaro y el manierismo clasicista

La obra del platero que mejor explica las influencias de Miguel Ángel y del romanismo, es la de Francisco de Alfaro, natural de Córdoba y activo en Sevilla al menos desde 1572 hasta 1600 en que se traslada a Toledo, donde muere en 1610. Las relaciones con el italiano afectan por igual a la arquitectura y a la escultura, pero quizá sean más evidente en la segunda, como reflejan sus custodias –muy parecidas entre sí– de san Juan de Marchena (1581), santa Cruz de Écija (1586) y santa María de Carmona (1584), además de en el gran sagrario de la catedral de Sevilla (1595), pieza principal de la platería hispánica del siglo XVI. De una parte por la manera de emplazar algunas figuras: en las enjutas de los arcos, saliéndose del marco y echadas o montadas a horcajadas sobre los frontones. Por otra parte, las actitudes y composiciones rebuscadas de algunas de ellas –especialmente en las más cercanas a los fieles (Profetas y Reyes de Judá)–, su canon alargado así como el desarrollo anatómico y caracteres fisionómicos conectan las imágenes con grabados manieristas y modelos miguelangelescos, tal vez suministrados, como se ha sugerido, por el escultor Jerónimo Hernández, amigo personal del platero. En los relieves destaca también el alargamiento de las figuras y la ocupación plena del espacio. Semejantes caracteres romanitas presentan las estatuillas de los Profetas del sagrario de la catedral, monumental arquitectura manierista de planta semioval ideada por el escultor Juan Bautista Vázquez el Mozo, que hizo el modelo en madera y con quien se ha relacionado asimismo el relieve central con el tema de la Recogida del Maná.