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0.3. PLATERÍA GÓTICA (siglo XV)

03. PLATERÍA GÓTICA (siglo XV)

Durante la Edad Media tanto el oro y la plata como las piedras preciosas aparecen asociados a los conceptos de luminosidad y riqueza a causa del brillo que desprenden y al valor material de los mismos. Su empleo en los objetos de culto establecía un doble significado: primero, como alusión al poder y prestigio social de los comitentes y promotores e, indirectamente y por identificación con esta clase social, se consideraban los más dignos para la casa de Dios; segundo, como desarrollo de valores simbólicos de carácter religioso en torno al tema de la luz, que se asocia a la divinidad, a lo inmaterial y trascendente (abad Suger de Saint-Denis) .
Estos valores y el esplendor y sofisticación de las ceremonias litúrgicas en las catedrales, que requerían de objetos para un culto cada vez más diversificado, así como el refinamiento de los reyes y nobles explican el desarrollo creciente de los talleres de platería en las principales ciudades y el prestigio y consideración que alcanzan sus artífices, “más admirados entonces -escribe el profesor Nieto Alcalde- que los escultores y pintores”.

1. ASPECTOS GENERALES (estructura, iconografía y ornamentación)

1.1. Estructura de las piezas

La platería del siglo XV responde en su integridad al estilo gótico en su fase tardía (flamígera). La estructura de las piezas tiende a las formas poligonales y a reproducir en miniatura el aspecto arquitectónico de un edificio real; la semejanza con las otras artes se observa también en las estatuillas, los relieves figurados y la utilización de los mismos repertorios decorativos [Figs. 1-2].

1.2.Decoración

Los temas decorativos preferidos son los geométricos curvilíneos de tracería flamígera (de motivos curvilíneos) y los temas de carácter vegetal, como las hojas y las flores del cardo, rizadas y curvadas,  (la llamada cardina gótica) representadas de forma naturalista [Figs. 3-5]

1.3. Iconografía

Además de figurillas y relieves de santos y de los apóstoles, abundan las escenas de la vida de Cristo (Pasión y Resurrección) y de la Virgen extraídos por lo general de grabados de la época. Muy utilizados, aunque no tanto como durante el siglo siguiente, fueron las estampas con los motivos decorativos de moda, que igualmente sirvieron a los plateros. Hay que tener en cuenta que algunos de los más importantes grabadores fueron plateros [Figs. 6-8]

En las grandes cruces procesionales se repite, por regla general, un mismo programa: en los extremos del brazo menor, la Virgen y San Juan a ambos lados del Crucifijo central; en el brazo mayor son bastante frecuentes el tema del Pelícano sacrificándose por sus polluelos —símbolo de Cristo que derramó su sangre en la cruz para redimir a la Humanidad—, y, al pie de la cruz, la representación de Adán saliendo de su sepulcro, resucitado por la acción redentora de la sangre de Cristo. En el centro del reverso, suele llevar la imagen de Cristo en Majestad, entronizado y sosteniendo el globo del mundo, que a veces se sustituye por la figura de la Virgen con el Niño o la del santo titular de la iglesia. En los extremos generalmente aparece el Tetramorfos [Figs. 9-11].

En algunas piezas, especialmente en las profanas, aparecen figuras de salvajes y de seres monstruosos, de amplia difusión en la escultura gótica [Figs. 12-13].

2. PLATA CIVIL O DOMÉSTICA

En los palacios y viviendas acomodadas, la plata de vajilla se exponía sobre un mueble (aparador) de variada altura que se montaba, como se aprecia en la pintura de la época, en las grandes ocasiones con un claro afán de ostentación y que constaba de una mesa y varias gradas o escalones donde se mostraban las piezas. El objeto más importante del servicio de mesa (era símbolo del estatus de lujo de su poseedor) de estos años finales del siglo XV y durante el XVI es la barquilla o nave, vasija en forma de barco, hecha generalmente en plata; a fin de la Edad Media se empleaba para contener especias, aludiendo con esta forma a la manera en que las especias llegaban a Europa desde Oriente; a menudo marcaba el lugar de honor del anfitrión en la mesa o del invitado de honor. [Figs. 14-32].

Frecuentes fueron también los jarros y las fuentes aguamaniles (para lavarse las manos antes y después de las comidas), de los que quedan algunos ejemplares, así como los saleros y las copas [Figs. 13-18].

3. PLATERÍA RELIGIOSA

El repertorio de piezas de uso religioso es muy amplio. Algunas son imprescindibles en la ligurgia católica, especialmente tras las reformas derivadas del Concilio de Trento (s. XVI), mientras que otras tienen como misión dar solemnidad y esplendor a las ceremonias.

3.1. El cáliz y el copón o píxide

Por la función que desempeña en la Misa, el cáliz es la pieza más importante dentro del culto católico y la que se realizó con mayor abundancia desde los primeros tiempos del Cristianismo. Destinado a contener el vino que en la Consagración se convierte en la sangre de Cristo, desde muy tempranas fechas se realizó en metal, que se procuró fuera precioso [Figs. 13-18].Entre las piezas eucarísticas fueron muy comunes los copones o píxides (también denominados cajas con pie y relicarios en la documentación de la época), destinados a la reserva de las Sagradas Formas fuera de la Misa)

3.2. El portapaz

Llamados también paces. Servían para transmitir la paz a los fieles —“la paz del Señor esté siempre con vosotros”— desde el altar, dando a besar la imagen central del pequeño retablo. Vinieron a sustituir al ósculo (beso) o abrazo de paz que antes de la comunión se daban entre sí los cristianos de las primitivas comunidades [Figs. 17-22]

3.3. la cruz procesional

Fue, tras el cáliz, la cruz procesional es la pieza más frecuente. La de carácter procesional era la enseña o guión que se mostraba públicamente en las manifestaciones cultuales y litúrgicas, representando a una determinada parroquia, institución o cofradía. Por su envergadura y labor suele ser una pieza de alto precio, lo que determina que se conserven muchas de los siglos XV y XVI.

3.4. La custodia de mano y la procesional

La exposición de la Sagrada Forma para su adoración pública por los fieles determinó la realización de custodias portátiles o de mano, cuyo elemento definidor es el templete que alberga la Eucaristía [Figs. 27-31]

El origen de la custodia procesional, descrita por el platero Juan de Arfe en el siglo XVI como templo rico en alusión a su carácter arquitectónico, surge como consecuencia de la institución de la fiesta del Corpus Christi en 1264 por el papa Urbano IV y de la procesión pública con el Sacramento en 1315. En España la festividad alcanzará un auge y un desarrollo extraordinarios, ideándose para la ocasión unas monumentales arquitecturas móviles de carácter simbólico, sin paralelos en el resto de Europa y que han sido caracterizadas como Fortaleza y Templo a la vez por la presencia en algunas de torres esquineras y el empleo en casi todas de la planta centralizada. A lo largo del XV se dieron dos variantes, como se explica en las diapositivas correspondientes [Figs. 32-34]