Silla de caderas. Taracea de hueso. Siglo XV. Metropolitam Museum of Art. Nueva York

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La silla no se convierte en un mueble corriente en las viviendas acomodadas hasta fines del siglo XV. A partir de entonces el modelo más frecuente será la silla de caderas (término histórico) o jamuga (termino decimonónico) cuyo origen lejano hay que buscarlo en la silla de tijera romana y en la Baja Edad Media en Italia. La española es siempre plegable, con giro en el centro bajo el asiento; está formada por una doble estructura en forma de S unida por los brazos y las patas, apoyadas éstas en una zapata para darle mayor estabilidad. Asiento (para asentar las caderas) y respaldo suelen ser de cuero visto o forrado con telas ricas (terciopelo o brocado) fijado a la madera con gruesos clavos. Las de fines del XV y hasta mediados del XVI se decoran por lo general con taracea del tipo granadino, y las más tardías con tallas de temas vegetales y platerescas. Su estructura de tijera permitía adaptarlas como sillas de montar, de ahí el nombre de jamugas. Fueron perdiendo importancia a favor de las sillas de brazos (siglo XVII) y acabaron siendo desterradas a las iglesias y lugares públicos. El historicismo decimonónico las recuperó, considerándolas una de las tipologías típicas españolas.