Fuentes (izq.) 1487, (der), hacia 1520

36.

Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) escribe sobre las fuentes: “platos grandes de plata, donde antiguamente davan aguamanos a los reyes y a los príncipes con dos dellas, y la una trahía el agua, y por unos cañoncitos o fistulillas la echavan encima de la otra, donde se lavavan […] yalgunas en las iglesias catedrales con que davan aguamanos al prelado”. Lavar manos: no tanto por higiene como para seguir el ritual de purificación protocolario antes de ingerir los alimentos. La ceremonia del aguamanos con dos fuentes, reservada a los reyes y príncipes, se redujo a una sola y con jarro en las casas de los grandes señores y se mantuvo hasta la extinción de la dinastía de los Habsburgo.