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Historia del jardín

La naturaleza al servicio del arte

Málaga. Ronda. Jardín de la Casa del Rey Moro

Jean Claude Nicolás Forestier, 1861-1930 Forestier nace en Aix-les-Bains, población de la Saboya francesa, lo que debió influir en la orientación profesional que emprendió al estudiar la carrera de ingeniería forestal. En 1887 llega a Paris y comienza su dedicación a la jardinería, trabajando en la reforma de algunos de los grandes jardines de Le Notre, a través de los cuales le llega la influencia del jardín clásico francés: la geometría, el jardín llano, las láminas de agua y el dominio racional de la vegetación. A partir de su llegada a España se deja influir por el jardín hispanomusulmán, integrando en sus obras elementos como el naranjo, las fuentes bajas, el ladrillo, la cerámica y las flores olorosas, que ya había utilizado en el Jardín de Bagatelle de París y que a su vez debieron recordarle las grandes plantaciones de lavanda de su patria natal. Forestier no es un artista muy reconocido originalmente en Francia. En cambio tuvo un enorme éxito en tierras hispánicas hasta el punto de convertirse en el jardinero más importante de la primera mitad del siglo XX. En España trabajó en las remodelaciones de los jardines del parque de María Luisa en Sevilla y de Montjuic para las exposiciones del año 29. También recibió numerosos encargos privados de la burguesía española. En Andalucía, además de la remodelación y ampliación del Parque de María Luisa, realizó los jardines del Palacio del Conde de Castilleja de Guzmán, los del Palacio de la Hacienda de Moratalla en Hornachuelos, y los de la Casa del rey Moro en Ronda. Los trabajos de Forestier en Sevilla datan del año 1910, cuando le encargan el proyecto para la Exposición Iberoamericana que se va a celebrar en el año 1929. El terreno escogido es el jardín que la infanta María Luisa Fernanda cede al ayuntamiento de Sevilla en el año 1893 para ser utilizado como parque público, el cual llevaría su nombre. El primer proyecto de Forestier es modificado en noviembre de 1911 y en él predomina el orden clásico, regular y ortogonal. El diseño está formado por una serie de avenidas principales y transversales que, recogiendo algunos de los elementos del primitivo jardín de los Montpensier (el Monte Gurugú con la cascada y el estanque de los patos), realizado en 1850 por Lecolant, integrarán los dos principales proyectos arquitectónicos de Aníbal González, la Plaza de España y la Plaza de América. Otros elementos menores, en los que aparece la tradición andaluza, como la Glorieta de los Quinteros, aparecen también incorporados dentro del proyecto general. De este modo Forestier logra la creación de un estilo sevillano, que se enmarca dentro de las corrientes del regionalismo entonces imperante y que es consecuencia de la unión entre modernidad y tradición. Dos nuevas ampliaciones del proyecto serán realizadas en los años 1915 y 1924: el primero se realiza hacia el Prado de San Sebastián, donde se va a construir la Plaza de España, y el segundo hacia el sector sur sobre los terrenos de Tablada. Además de los trabajos para la Exposición, Forestier realiza en Sevilla la reforma de la Plaza Nueva por encargo del Ayuntamiento. Los Jardines del Palacio de Moratalla fueron diseñados por Forestier en el año 1918 para los Marqueses de Viana, extendiéndose sobre una amplia superficie de unas 20 hectáreas. Desde el punto de vista monumental destacan la verja adornada con esculturas de jabalíes, que recuerdan la entrada a los jardines parisinos de Sceaux, que fueron rehabilitados por Forestier, y algunas de sus fuentes monumentales como la del Ciervo, atribuida a Mariano Benlliure. Delante de la casa palacio se abre un gran umbráculo natural formado por la bóveda que forman los altísimos plátanos orientales, que es continuado por una gran avenida soleada, formada por fuentes, setos, esculturas mitológicas y cipreses. Otros ejes menores surgen en ambos lados, destacando el que crea un íntimo y cerrado jardín escalonado, que constituye la aportación andaluza a este sorprendente jardín francés situado en las proximidades del río Guadalquivir a su paso por Palma del Río. El palacio fue frecuentemente visitado por los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII, que asistían a las monterías realizadas por sus propietarios. En el año 1983 los jardines fueron declarados Histórico Artísticos. En la actualidad son propiedad del Duque de Segorbe. El jardín del Palacio del Conde de Castilleja fue construido por Forestier en el año 1927 sobre un terreno de dos hectáreas anexo al palacio de los siglos XVII y XVIII, disponiéndose en varias terrazas escalonadas, que se asoman al gran valle del Guadalquivir, en una zona de gran valor paisajístico y monumental, ya que en sus inmediaciones se hallan la ciudad romana de Itálica, el Monasterio de San Isidoro del Campo, y varios yacimientos arqueológicos de época prehistórica. En la actualidad pertenece a la Universidad de Sevilla, siendo sede del Colegio Mayor de Santa María del Buen Aire. Los jardines han estado descuidados durante muchos años, por lo que se encuentran muy deteriorados, llenos de plantas silvestres y las fuentes sin agua. Se conservan los aterrazamientos, el arbolado paisajista y la huerta de naranjos, algunos bancos de cerámica, así como las obras puramente arquitectónicas formadas por las pérgolas, los juegos de escaleras, las balaustradas y otros elementos decorativos tallados en piedra gris. Para lograr no solo la conservación de lo que queda, sino también la recuperación del antiguo esplendor del jardín, la Junta de Andalucía lo ha declarado como Bien de Interés Cultural. Los trabajos de Forestier en Hispanoamérica adquirieron un gran protagonismo tanto por el tamaño de las obras como por la espectacularidad. Su dominio de las grandes superficies y de las escalas monumentales se puede apreciar en dos obras, que han acabado por definir espacios fundamentales de dos ciudades históricas: la Costanera de Buenos Aires y el Malecón de la Habana. Casi totalmente desconocidos son en cambio los trabajos que desarrolló en el parque de Chapultepec de México D.F. Estilo El estilo de Forestier se caracteriza por su eclecticismo. Por su formación en el París de las grandes reformas de Hausman y Alphand parte del paisajismo de los dos grandes bosques urbanos construidos, Boulogne y Vincenne, para después dejarse influir por las tradiciones jardineras del mundo latino y mediterráneo. Forestier en todos los trabajos que desarrolló, primero en España y luego en Hispanoamérica, buscó siempre adaptarse a las tradiciones culturales locales y al clima del lugar, utilizando las plantas y los árboles más representativos de la región. Jardines de la Casa del rey Moro Los precedentes históricos más antiguos provienen de una mina de origen árabe, sobre la que debía de haber existido una construcción de época medieval. Leyendas no confirmadas sitúan su construcción en la época del rey de Ronda Abomelic, periodo durante el cual surtía de agua a la ciudad. Se conservan algunos elementos constructivos, como pilares de ladrillo y bóvedas de medio cañón. En 1709 aparece censada ya una vivienda propiedad de don Diego Benítez, que luego pasa por cesión a las religiosas de la Madre de Dios, que la transmitieron en el mismo año de 1709 a don Francisco Durán y Valiente, quien por testamento la cedió a don Jaime Vilches Durán en el año 1729. En 1767 la casa fue comprada por don Jacinto Salvatierra, recibiendo numerosas reformas. A partir de ese momento la casa es sucesivamente heredada por los sucesores y adquirida por varios propietarios hasta que finalmente es comprada por doña Trinidad Scholtz, duquesa de Parcent. Es bajo su propiedad, cuando la casa adquiere su fisionomía definitiva. En esencia se trata de varios edificios del siglo XVIII, que fueron unificados a comienzos del siglo XX. Como elementos sobresalientes destacan las dos torres cuadradas de ladrillo visto, los numerosos vanos de la fachada, dispuestos de forma irregular, y la cubierta de teja vidriada. Durante esta última etapa Forestier realiza los diseños de los jardines actuales. La casa es hoy propiedad de la anticuaria rondeña doña Carmela Hernández. En el año 1943 los jardines fueron declarados de interés artístico. En el PGOU y en el PERI del Centro Histórico de Ronda la Casa está clasificada dentro de los Reequipamientos culturales y sociales con la propuesta de que sea incorporada al Ayuntamiento de Ronda. Los jardines se hallan adosados a la fachada meridional de la casa, siguiendo la cuesta de Santo Domingo, y limitada en el otro frente por el profundo corte del Tajo. Para su construcción se hizo necesario el relleno del terreno, conformando una extensión de unos 200 m2, estructurada en tres terrazas. En la zona más elevada se construyó un depósito de agua, para que fuera descendiendo por su propio peso por los estanques, surtidores, y para el riego de las plantas. En la zona más baja se construyó una amplia cisterna para servir de reserva en épocas de sequía. Los jardines parecen inspirarse en los cármenes granadinos, por su disposición en terrazas, el uso de elementos derivados de la jardinería hispanomusulmana y por el juego de las perspectivas internas y externas. La excelente ubicación de los jardines junto al Tajo de Ronda es uno de los componentes estéticos más importantes del jardín. Otro de los aspectos sobresalientes de su ubicación son las perspectivas hacia los monumentos que los rodean: el palacio de Salvatierra, la puerta de Felipe V,los baños árabes y la iglesia del Padre Jesús con la fuente de los ocho caños, situada en la plaza delantera al otro lado del Tajo tras atravesar el puente viejo. El jardín está dispuesto en tres terrazas, que ocupan tres niveles descendentes, unificadas por el eje central del agua que baja por un canal de cerámica hasta el estanque situado en la terraza inferior. De esta forma se consigue la unidad dentro de una extraordinaria variedad, que no llega a agobiar al expectador, sino que lo envuelve, mostrándole claramente las mejores vistas y perspectivas en cada momento. En la primera terraza hay una fuente baja de cerámica con surtidor, del que mana el agua que luego va descendiendo a las siguientes terrazas. Unas escaleras conducen a la segunda terraza, por cuyo centro transcurre el canal, que divide en dos zonas iguales el jardín y que conduce el agua hasta la tercera terraza, a la se desciende por una escalinata semicircular, que rodea el estanque allí situado. La vegetación está formada por plantas traidas de Francia y de Bélgica, con otras de origen mediterráneo andaluz, como los emparrados, los rosales, glicinias, setos de boj, naranjos, mimosas, cipreses, palmeras, adelfas y mirtos. Existe un gran número de plantas olorosas, especialmente rosales, que adquieren un gran protagonismo, la trepadora Wisteria sinensis, los geranios, así como una gran número de macetas, que posibilitan la transformación y los cambios estacionales. Los árboles son principalmente de carácter ornamental: naranjos, acacias, palmeras y pinos, que le otorgan al jardín un aspecto mediterráneo. Los elementos decorativos están formados por los bancos de cerámica azul, el agua que se desplaza por los canales y surtidores, o se remansa en los estanques, y los emparrrados situados sobre los muros de las terrazas y las pérgolas. Al final y como cierre de una perspectiva, que sigue expandiédose hasta el horizonte de la campiña serrana, se ha situado el brocal de un pozo, que está rodeado por una pequeña plazoleta, de la que se puede disfrutar sosegadamente en un banco. La iluminación artificial se realiza mediante focos alógenos disimulados entre la vegetación. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA: FORESTIER, Jean Claude Nicolás (sin fechar), Jardins. Carnet de plans et de dessins, Emile-Paul Frères éd., Paris, s. d. FORESTIER, Jean Claude Nicolás (1985), Cuaderno de dibujos y planos, Stylos, Barcelona. Jean Claude Nicolás Forestier 1861-1930. Du jardin au paysage urbain, Actes du Colloque International sur J.C.N.Forestier, Paris 1990 (dir. Bénédicte Leclerc), Picard, Paris.