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Historia del jardín

La naturaleza al servicio del arte

Madrid. Jardín de El Capricho de la Alameda de Osuna

La finca del Capricho formaba parte del conjunto de villas suburbanas que existían a finales del siglo XVIII en torno a la corte madrileña. Su creación es obra personal de la Duquesa de Osuna María Josefa Pimentel (1752-1834). Su jardín es uno de los tres mejores ejemplos conservados de Jardín Paisajista en España. Los primeros proyectos fueron encargados al jardinero Pablo Boutelou, sucediéndole en la dirección de los trabajos a partir de 1787 el jardinero francés Jean Baptiste Mulot, conocido por sus trabajos en el Petit Trianon de Versalles. Con posterioridad intervendrían el decorador italiano Angel María Tadey y el jardinero francés Pedro Provost. Durante la etapa desarrollada entre los años 1783 y 1808 se llevan a cabo las principales obras que definen el jardín actual, en el que se mezclan la tradición clásica francesa con la estética francesa que triunfa en la jardinería europea en la segunda mitad del siglo XVIII. El acceso principal se realiza a través de una puerta, desde la que parte un gran eje axial que organiza el jardín clásico y que finaliza delante la fachada del palacio, que sirve de cierre a la perspectiva. Tras penetrar en el jardín nos encontramos a la derecha del eje central la Plaza de los Cipreses, denominada Parterre de los Duelistas, composición romántica realizada por Martín López de Aguado y formada por dos columnas coronadas por dos bustos conocidos como los duelistas y que, según una leyenda, representan el duelo que tuvo lugar entre dos aristócratas de la época. A mediación de este eje central se encuentra uno de los espacios escenográficos más importantes del jardín, la Plaza de los Emperadores, conformado por una superficie elíptica, en cuyo frente se encuentra el edificio clásico denominado la Exedra, que está rodeada por esfinges y leones. El contorno de la plaza está adornado por doce bustos de emperadores romanos traídos de Italia a finales del siglo XVII. Antes de llegar al palacio el eje atraviesa el Parterre, realizado entre 1943 y 1952 por el pintor paisajista Javier de Winthuysen, y una plazoleta circular, centralizada por un estanque rodeado por una reja de hierro, en cuya parte central hay un surtidor en forma de pilar adornado en su parte baja con cuatro delfines. A la derecha se desarrolla el Jardín Bajo, donde destaca el Laberinto, tema imprescindible en cualquier gran jardín de la época. La fachada del palacio sirve de cierre al eje central. El tema principal de la misma es una galería o logia abierta y elevada sobre un alto basamento para poder gozar de una amplia perspectiva sobre los jardines inferiores. Dos escaleras laterales sirven de acceso a esta galería adornada por ocho estilizadas columnas jónicas, que dejan ver entre los intercolumnios los paramentos ritmados por ocho grandes puertas dobles encima de las cuales hay otros tantos medallones de terracota adornados con relieves de temas mitológicos relacionados con Apolo, dios protector de las artes, en clara alusión a la magnífica colección artística que albergaban los salones interiores, en la que destacaban las obras de Goya. La parte más extensa e importante del jardín, situada al norte del eje axial, está formada por el Jardín Romántico, organizado sobre una superficie irregular, en la que un laberinto de caminos sinuosos sombreados por un espeso bosquete comunican diversas construcciones, que adornan el paisaje de forma teatral y arbitraria. Si seguimos el itinerario más próximo al palacio, la primera construcción con la que nos encontramos es el Abejero. Se trata de una edificación destinada a las abejas, que se introducen en ella a través de las trampillas metálicas situadas en las dos alas laterales de la fachada posterior. Su interior está ricamente decorado con columnas corintias de madera, una bóveda de casetones adornada con temas vegetales y rosetones, situándose en el centro una escultura de Venus realizada por Juan Adan. Es un edificio de planta ochavada con dos alas laterales, cubierto por una cúpula y con portada principal remetida y adornada con dos columnas jónicas. A continuación se halla la Rueda de Saturno formada por una rueda circular con seis radios, que se unen en el centro, donde se encuentra una gran columna coronada por la figura de Saturno devorando a uno de sus hijos como imagen del tiempo que destruye todo lo que produce. Al respecto es necesario destacar su relación con la obra de Goya Saturno devorando a su hijo que decoraba el comedor de la Quinta del Sordo situada en las orillas del Manzanares. Saturno no solo representa una clara alusión a la caducidad de las cosas y a la muerte de los imperios, sino también una reflexión sobre la influencia del planeta Saturno sobre los nacidos bajo este signo. Aún en el siglo XVIII se consideraba que los artistas poseían un temperamento melancólico claramente influido por el planeta Saturno. Uno de los ejes de la Rueda conduce al templo de Baco y otro al Fortín o Baluarte. El Fuerte es una construcción abaluartada en miniatura, hecha en ladrillo visto y rodeada por un foso de agua. Se atribuye su construcción a Antonio López Aguado. Estaba dotada de un puente levadizo de madera, doce cañones de bronce y una garita, en la que había un maniquí vestido de soldado. El templo de Baco es un monóptero con planta ovalada, columnas corintias y friso dórico. Desde el siglo XIX carece de cúpula, lo que contribuye a su aspecto ruinoso e inacabado. En su interior se encuentra la figura de Baco que da nombre al templete. Desde esta zona se accede la Ría, que recorre todo el sector septentrional del jardín. A mitad de su recorrido se encuentra el Lago, que concentra algunos de los elementos más significativos: el Embarcadero, el Puente de Hierro y las dos islas, en la mayor de las cuales se halla en Monumento Conmemorativo al III Duque de Osuna, Don Pedro Téllez-Gijón, que fue Virrey de Nápoles. El puente de hierro, realizado por Martín López Aguado y Pedro Alcántara, está considerado como el primero erigido en España con este material característico de la Revolución Industrial. El Embarcadero o Casa de Cañas posee un aspecto chinesco y era utilizado como pabellón de reposo y para guardar los barcos. Está decorado interiormente con pinturas que representan paisajes románticos. Tampoco podían faltar en este tipo de jardines románticos una Montaña Rusa, un edificio en ruinas y una Ermita, que albergó inicialmente dos maniquíes de madera. Según la lápida existente acogía la tumba de fray Arsenio, de manera que se convertía en el característico cementerio de los jardines románticos. La Casa en Ruinas, construida también con carácter teatral, incide en el tema de la influencia del tiempo sobre las construcciones humanas. En el sector más occidental hay dos edificaciones importantes: el Casino de Baile, realizado por Antonio López de Aguado, y la Casa de la Vieja, que contrasta con la anterior por su carácter rural y que se caracteriza por su carácter escenográfico. En su interior tres maniquíes representaban a una familia aldeana: una vieja, un labrador y un niño. Sus paredes estaban decoradas con pinturas que representaban escenas de estilo pompeyano junto con mapas de regiones italianas y un decorado de ropa tendida. El Casino de Baile es una construcción octogonal elevada sobre un basamento cuadrado realizada por Antonio López Aguado. Su techo está decorado con una representación del zodíaco pintado por Juan Gálvez, que se completa iconográficamente con los relieves de las cuatro estaciones situados sobre las puertas. En el frente que da a la ría un nicho cobija la figura poderosa y salvaje de un jabalí. Además de esta decoración permanente el jardín se decoraba con otras instalaciones temporales, como columpios y tiovivos. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA: AÑÖN, Carmen, LUENGO, Mónica, LUENGO, Ana (1995), Jardines artísticos de España, Madrid, Espasa Calpe. AÑÓN FELIÚ, Carmen (1994), El Capricho de la Alameda de Osuna, Fundación Caja Madrid. de la Alameda de Osuna, Fundación Caja Madrid.