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Historia del jardín

La naturaleza al servicio del arte

El Escorial. La Casita del Príncipe

En el reinado de Carlos III la familia real seguía teniendo la costumbre de pasar cada estación del año en una de las residencias madrileñas: el invierno lo pasaban en el Buen Retiro de Madrid, y cuando estuvo terminado en el Palacio de Oriente, la primavera en Aranjuez, para degustar los productos de la huerta, el verano en la Granja de San Ildefonso, para evitar los cálidos estíos de la villa madrileña, y el otoño en El Escorial. Buscando una mayor privacidad y siguiendo lo que se había hecho también en Aranjuez, el rey Carlos III mandó construir un palacio para los Príncipes de Asturias, encargando su realización al arquitecto neoclásico Juan de Villanueva. Tanto el jardín como el palacio fueron realizados en dos fases sucesivas. Entre los años 1771 y 1775 se realizó la casa con planta rectangular con los dos jardines situados a oriente y poniente con planta cuadrangular. Entre 1781 y 1784 se adosó un cuerpo a poniente de la casa para albergar unos espacios públicos más amplios: el salón grande, el salón ovalado y el pórtico posterior. En esta segunda fase el jardín de poniente fue también ampliado en su zona posterior con una prolongación alargada, que recuerda por su forma la planta de los circos romanos. El Jardín de Oriente tiene forma centralizada radiocéntrica derivada del modelo del Jardín de las ocho calles de la Granja de San Ildefonso. El Jardín de Poniente tiene planta rectangular, organizados sus cuadros de vegetación en torno al eje central que viene de la fachada posterior de la casa y a un eje perpendicular, situándose en el cruce una fuente. Detrás de este jardín se construyó un nuevo jardín alargado, formado por la sucesión de varios elementos: el parterre con la fuente rústica, el estanque y el plano alto. En el siglo XIX se introdujeron en estos jardines bajos una serie de coníferas, que hoy han alcanzado una gran altura, modificando su aspecto original.