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Historia del jardín

La naturaleza al servicio del arte

Córdoba. Hornachuelos. Jardines de Moratalla

Precedentes históricos Las primeras huellas de la ocupación de la finca se remontan a la época romana, a la que pertenecen una serie de restos arqueológicos hallados en los llanos del Roldán, situados en el término de Posadas. En el siglo XII Al-Idrisi cita la población de Funuyulusch, donde se hallaba el castillo o mazil de Murad, de donde proviene el nombre de Moratalla. Conquistada en el siglo XIII por Fernando III se convierte en la villa y castillo de Moratalla, que va pasando de propiedad en propiedad hasta que en el siglo XIX aparece como propietario el marqués de Villaseca, cuya viuda María del Carmen Pérez de Barradas, hija de los marqueses de Peñaflor, se casó en segundas nupcias con Teobaldo Saavedra, hijo del Duque de Rivas y primer Marqués de Viana. A esta etapa de la segunda mitad del siglo XIX, sin saber si corresponde a la época de Villaseca o a la del primer Marqués de Viana, corresponden los jardines más antiguos. Tras la muerte en Moratalla en 1898 del primer Marqués de Viana, la finca pasa a propiedad del segundo Marqués de Viana, que fue valido del rey Alfonso XIII, el cual la visita frecuente. El rey le otorgó en reconocimiento de sus servicios a la corona el collar de la orden de Carlos III y el Toisón de Oro, que campean en el escudo situado sobre la verja de la entrada principal. Fue el segundo Marqués de Viana el que encarga a Forestier en el año 1914 el proyecto de ampliación de los jardines, que incluye los elementos más franceses del jardín: la avenida principal, la pradera de las Violetas y la fuente del Ciervo. Fallecidos sin descendencia los herederos de los Marqueses de Viana, en el año 1988 la finca es comprada por la sociedad Palacio de Moratalla S.L., de la que forma parte el Duque de Segorbe, que es también presidente del patronato de la Casa de Medinaceli. Los jardines fueron declarados de Interés Histórico Artístico en el año 1983.Su superficie total ocupa una extensión de 20 hectáreas, de las que 8 pertenecen a los jardines propiamente dichos y 12 a la huerta de naranjos. Primera etapa: el Jardín del siglo XIX Durante la segunda mitad del siglo XIX se realizó el Parterre Grande, situado delante de la casa, que está formado por una gran umbráculo natural, cubierto por una altísima cúpula natural de plátanos orientales y de castaños, en cuyo centro hay una fuente con figuras de niños y de perros de caza sobre una rocalla. A esta etapa pertenece también el Jardín Escalonado de estilo regionalista, adornado con la Fuente del Recreo y un frente arquitectónico, en el que hay una hornacina con surtidor y una escultura de Cupido sentado, copia en terracota de un mármol de Falconet. En la terraza inferior hay otra fuente, con cuya agua se regaba el Paseo de los Bambúes. Otros elementos menores eran la Casa de las Vacas o del Guarda Mayor, precedida por un estanque circular y un jardín con naranjos y rosales en la parte posterior, la Fuente de los Ladrones, la Fuente de Doña Leonor y el Castillete. Como puede verse en una litografía existente en la Casa de Pilatos el jardín del siglo XIX estaba completamente rodeado por un murete de piedra y verja de hierro con planta circular. El Parterre Grande estaba ya plantado, pero no existen huellas de las grandes arboledas, que debieron ser plantadas en la segunda etapa. En esta época el jardín tenía un aspecto claramente Mediterráneo con unas pocas palmeras y algún que otro árbol de sombra. Segunda etapa: el jardín de Forestier En el año 1914 Forestier recibe el encargo del segundo Marqués de Viana de ampliar el jardín. Su labor va a consistir primero en la creación de grandes perspectivas a la francesa, en segundo lugar en darle un aspecto más boscoso, y en tercer lugar en configurar el programa iconográfico de las esculturas, que giran en torno al tema cinegético, entonces uno de los principales usos de la finca. Avenida de Acceso Partiendo desde la entrada principal se crea una gran avenida que finaliza en el gran umbráculo del parterre, aunque visualmente este eje continúa hasta la fachada de la casa. El terreno forma una suave pendiente, estructurada en ocho terrazas delimitadas por setos de arrayán, para permitir la configuración de una gran perspectiva, que se abre al paisaje del valle del Guadalquivir. Las ocho terrazas encadenadas transcurren por el centro de la avenida a un nivel inferior, mientras que ambos lados se han creado dos paseos peatonales, desde donde se pueden contemplar los distintos elementos decorativos. De tramo en tramo se han dispuesto escaleras para poder descender a las terrazas y contemplar de manera más próxima dichos elementos. La Avenida se inicia con la Fuente Hundida. Como su mismo nombre indica se halla rehundida en el suelo y con forma helicoidal. Está realizada en ladrillo visto con algunas aplicaciones de cerámica azul. Tiene una fuente circular con surtidor en el centro, cuatro escalinatas en sus frentes y bancos corridos con respaldos altos en los ángulos. A continuación hay cuatro esculturas de mármol, que conforman un cuaternario, el cual ha sido relacionado sin ningún fundamento iconográfico con las cuatro estaciones del año y con cuatro figuras mitológicas concretas: Venus, Flora, Diana y Andrómeda. Aunque son sin duda figuras mitológicas, su simbología, como las de todas las demás esculturas del jardín, puede estar relacionada con los usos cinegéticos y agrícolas de la finca. Los atributos de cada una de las cuatro esculturas son un delfín, un perro, un cuerno de la abundancia de cuya boca brotan multitud de productos agrícolas, y lo que parece ser una especie de guirnalda. En el centro de la cuatro esculturas, por donde transcurre el eje de la Avenida, se ha situado una gran Jarrón, decorado con los escudos de los Viana, mascarones, peces y dos grandes figuras que portan redes en las manos. Los restantes motivos decorativos se han situado en las siguientes terrazas, siguiendo la línea continua señalada por una canalillo de agua: • Mesa circular con bancos, que funciona como reloj solar. El tablero está decorado con los símbolos de los doce meses del año o los doce signos del zodíaco. •Estanque de los asientos y brocal. .Estanque con forma de estrella de ocho puntas. •Estanque circular con una especie de laberinto en su centro. •Estanque de forma rectangular. •Estanque de forma cuadrada. •Estanque de forma estrellada. •Estanque rectangular con nenúfares. •Los taludes laterales están cubiertos por multitud de especies vegetales, entre las que se pueden señalar los cipreses, cedros, fresnos, moreras, adelfas, plumeros, manzanos, árboles del amor, nísperos, etc., que completan las 150 especies existentes en la finca, lo que da idea también de su importancia botánica. •La Avenida se cierra con la verja de hierro, en la que destacan el escudo de los Viana en el centro, donde se pueden ver el collar de la orden de Carlos III y el Toisón de Oro, concedidos por Alfonso XIII al segundo Marqués de Viana, y los dos grandes jabalíes sentados, atribuidos por R. Valenzuela al escultor cordobés Antonio Barahona. El modelo de la reja como la configuración de lesta gran perspectiva es de origen francés y su modelo puede provenir del Jardín de Sceaux, creado en el siglo XVII por Le Notre para el primer ministro de Luis XIV Courbet, y que Forestier conocía muy bien, ya que llegó a realizar un proyecto de rehabilitación. Pradera de las Violetas Calleja Marchal la sitúa dentro del periodo decimonónico del jardín. Sin embargo la configuración de esta gran perspectiva perpendicular a la principal, formada por una gran pradera de aproximadamente una hectárea cubierta por una gran bóveda de plátanos orientales y abierta al final al valle del Guadalquivir, es también de clara inspiración francesa y debió ser también configurada por Forestier. Fuente del Ciervo Situada a espaldas del palacio y próxima al Paseo de los Olmos y al Abejero, se halla esta fuente, constituida por la monumental escultura en bronce fundido de un venado, colocada en lo alto de una montaña artificial de lastras de pizarra de Sierra Morena. El venado fue fundido en París y se atribuye su autoría al escultor Mariano Benlliure. Se ha señalado la relación de Moratalla con el jardín parisino de Sceaux. Pues bien este jardín se adornó también con unos ciervos en plena carrera, realizados por el escultor Georges Gardet. Delante de la montaña hay un estanque rectangular bordeado por eucaliptos. Originalmente Forestier había proyectado para esta zona un bosque de palmeras. Entre la Fuente del Ciervo y la zona agrícola de la casa hay una gran huerta de naranjos y en un lateral sobre una columna monumental se sitúa la figura de un águila en pleno vuelo, completando de esta manera todas las posibilidades de la caza: la caza mayor de venados y jabalíes en la sierra, la pesca fluvial, la pesca en el mar con redes, y la caza menor. BIBLIOGRAFÍA Calleja Marchal, Eleuterio, Jardines de Andalucía del siglo XIX para el siglo XXI: Jardín y Parque de Moratalla, Revista PARJAP, Boletín de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, nº 21, invierno 2001, págs. 12-22.