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Historia del jardín

La naturaleza al servicio del arte

Barcelona. Jardines de Montjüic. Jardines de la Exposición de 1929

Barcelona, España

HISTORIA

Por su privilegiada situación junto al mar la montaña de Montjüic estuvo habitada desde el siglo III a.C., cuando hubo en la zona del camino de l’Edparver un poblado ibérico. En el siglo XII los condes de Barcelona erigen una fortaleza cerca del puerto antiguo. Se tiene también constancia de la existencia de enterramientos judíos y de la existencia de ermitas, masías y de campos de cultivo en los terrenos más bajos de la atalaya natural. En el año 1640 se levanta una nueva fortaleza con motivo de la Guerra dels Segadors y en 1751 el ingeniero militar Juan Martín Cermeño termina el actual castillo con un diseño basado en la técnica abaluartada entonces imperante en Europa. Hacia 1870 se levantan las primeras barracas en la montaña, que aumentan en años posteriores y se mantienen prácticamente hasta las olimpiadas del 92, que van a monumentalizar Montjüic con la construcción de numerosas edificaciones deportivas. Así pues la montaña ha estado habitada desde la Antigüedad lo que se ha debido en gran medida a su inmejorable situación y a la existencia de numerosas fuentes, en torno a las cuales surgieron merenderos y reuniones populares para bailar y comer en el campo. La fuente más famosa fue la Fuente del Gat, popularizada por una canción, aunque la mayoría ha ido desapareciendo con el tiempo.

PARQUES Y JARDINES

La montaña ha estado siempre ocupada por una vegetación de tipo selvático. Hasta comienzos del siglo XX no se hacen las primeras intervenciones públicas para introducir parques y jardines. En 1908 el ayuntamiento barcelonés adquiere la finca de Joseph Laribal para convertirla en un jardín público, que es inaugurado dos años más tarde. Con motivo de la Exposición Internacional de 1928 se realizaron otras actuaciones en el Teatro Griego, en los jardines del Claustro, en Miramar y junto a la Font del Gat. En 1970 se inauguraron otros tres jardines: el de Mossèn Cinto Verdaguer, el de Costa i Llobera y el de Joan Maragall, en torno al palacete Albéniz. Más recientes son el Jardín Botánico y el de Migdia.

LA EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE 1928

La Exposición del año 29 se organizó en dos enclaves diferentes: uno plano y monumental de carácter clasicista y otro paisajista. El primero está estructurado en torno al eje central de la Avenida de Maria Cristina con inicio en la Plaza de España y final en el frente formado por el Palacio Nacional y la gran escalinata delantera, que salva el gran desnivel existente. Su mobiliario decorativo gira simbólicamente en torno a dos temas: el agua y la electricidad. El segundo conjunto está formado por una serie de pabellones y de jardines dispuestos de forma aislada en la montaña de Montjüic.

La Plaza de España constituye la unión de la Exposición con el Ensanche de Cerdá, donde se unen la Gran Vía de las Cortes Catalanas y la antigua carretera de Madrid. Su configuración definitiva en forma de planta circular va a ser planteada por Puig i Cadafalch en 1916. En el centro de la plaza José María Pujol proyecta en 1928 una Fuente sobre el montículo, en el que se encontraba con anterioridad la cruz de término conocida como la Creu Coberta. Su iconografía gira en torno al tema del agua, ya que sus tres grupos escultóricos, realizados por el escultor Miquel Blay, simbolizan a las costas españolas con los ríos que las bañan: el Mediterráneo con el río Ebro acompañado por varios jóvenes; el Atlántico con el Tajo y el Guadalquivir representados por dos ancianos acompañados de sus afluentes; y el Cantábrico con un grupo de jóvenes, que simbolizan sus ríos de corto trazado.

Las tres grandes columnas simbolizan a la Religión, a las Artes y al Heroísmo, que van acompañadas con las personificaciones de la Navegación, la Salud Pública y la Abundancia, realizadas por los hermanos Oslé. La fuente se remata con un pebetero rodeado por tres victorias ejecutadas en bronce por Llovet. Periódicos de la época describían de manera pormenorizada la fuente:

Consiste en un gran estanque a modo de estilobato, de planta triangular, cuyos frentes y vértices se orientan en dirección de las seis grandes vías que convergen en la plaza. Unas piscinas más bajas a los lados del triángulo central dan al conjunto un diámetro de 40 metros. Sobre el estilobato central se levanta un edículo, también triangular, con nichos esféricos en sus tres frentes, ocupados por sendos grupos escultóricos debidos a Miguel Blay, que simbolizan, personificados, los principales ríos que vierten sus aguas en los tres mares que bañan la Península Ibérica: el Ebro, con sus afluentes para el antiguo Mare Nostrum; el Guadalquivir y el Tajo, para el Atlántico y, representados por figuras de adolescentes, los ríos del mar Cantábrico. Otros grupos escultóricos realzan los vértices del estilobato y representan frutos y mercedes de las aguas: la Abundancia, la Salud Pública y la Navegación: los hermanos Oslé son sus escultores. Flanquean este cuerpo central tres columnas, símbolos de los elementos formativos de la Nación Española, la Proeza y la Cultura. Lleva la primera con el signo de la cruz los nombres de Ramón Llull, Santa Teresa de Jesús y San Ignacio; aparecen en la segunda con la divisa de la espada, los de Pelayo, Jaime I e Isabel la Católica, y en la tercera los nombres de Ausias March y Cervantes llevan el emblema del libro. Por encima de estas columnas, y rodeada de tres victorias, del escultor señor Llobet, se alza una piedra terminal en la cual se quiere simbolizar el sacrificio constante de España por la civilización, así como los candelabros de las esquinas y las tres rostra o proas de navíos, significan la gloria que España se ha conquistado entre las naciones.

La Plaza está rodeada por varias edificaciones destinadas originalmente a hoteles y que hoy están ocupadas por escuelas y dependencias policiales. En su frente se hallaba la Columnata que cerraba los primeros edificios de la Exposición: el Palacio Textil y el Palacio de Comunicaciones y Transportes, erigidos en 1927. Adosado al Palacio Textil se hallaba el Palacio de la Electricidad, construido entre 1927 y 1929 por Amadeu Llompart y Alexandre Soler. Las Torres Venecianas marcan el inicio de la gran avenida de la Exposición.

Construidas a partir de 1928 por Ramón Reventós y Farrarons, se inspiran en el modelo del Campanile de San Marcos de Venecia. Tienen planta cuadrada, muros de piedra artificial y obra vista, y se cubren con un tejado de cobre sobre una columnata. La Avenida de María Cristina está iluminada por una serie de farolas de estilo Art Déco, que fueron conocidas por los barceloneses con el nombre de espárragos por su forma sencilla y estilizada. La Fuente Mágica.

Al final de la Avenida y dispuesta ya sobre la primera terraza se halla uno de los elementos mas significativos de la Exposición, que utiliza el juego simultáneo del agua y la luz, los dos elementos temáticos sobre los que giran muchas de las construcciones. Fue proyectada por Carles Buïgas. Su estructura es de hormigón armado y la planta elíptica mide 60 metros por 50. El Pabellón de Alemania es una de las construcciones más emblemáticas de la Exposición y una obra clave de la arquitectura moderna.

Proyectado por Mies van der Rohe, fue derribado en 1930 y reconstruido entre 1983 y 1986 por los arquitectos Fernando Ramos e Ignasi de Solá-Morales. fueron construidos por Puig i Cadafalch y Guillén Busquets entre 1918 y 1923 como cierre e la Plaza Carles Buïgas. Están formados por dos pabellones organizados a partir de dos grandes naves. Las fachadas son ciegas, están adornadas con columnas salomónicas. Los porches de acceso copian la portada de la iglesia de Caldes de Montbui. El Palacio de la Ciudad de Barcelona, diseñado en 1929 por el arquitecto municipal Joseph Goday, basa su diseño en el estilo noucentista. Su fachada estructurada en dos pisos, consta de dos hileras de arcos ciegos en la planta baja con ventanas rectangulares, y ventanas cuadradas y de medio punto en la planta alta. Las esculturas de la fachada son obra de los escultores Eusebi Arnau y Frederic Marés.

Otros palacios construidos para la Exposición fueron la Casa de la Prensa, proyectada en 1926 por Pere Doménech i Roura en 1926 con un estilo neomudéjar; el Palacio de las Artes Gráficas, construido entre 1927 y 1929 por Pelagi Martínez y Raimon Duran dentro de una estética clasicista; el Palacio Nacional, conocido como Palacete Albéniz y destinado inicialmente para alojamiento de la familia real dentro del recinto de la Exposición; y el Palacio de la Agricultura, uno de los más grandes, proyectado por Joseph Maria Ribas y Manuel M. Mayol dentro también de una estética noucentista, a pesar del barroquismo del cuerpo de acceso.

Destruido en gran medida tras la Guerra Civil, una parte del mismo fue destinado a Mercado de Flores. En al actualidad está ocupado por diversas instituciones destinadas al teatro. El Palacio Nacional es la obra arquitectónica más importante de la Exposición. Fue construido en la falda de la colina de Montjüic mirando hacia Barcelona como cierre del gran eje axial de la Avenida de María Cristina. En el año 1924 se convocó un concurso, que fue ganado por los arquitectos Pere Cendoya y Enrique Catá. Es un edificio ecléctico centrado por un gran salón con forma elíptica cubierto por una gran cúpula y otras dos menores, adornadas con pinturas polícromas realizadas por los pintores Francesc d’Assis, Joseph Togores, Francesc Labarta y Joseph Obiols.

Como si fuera una gran catedral, en los ángulos de la gran cúpula se erigen cuatro torres. Desde el año 1934 es sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Delante del Palacio Nacional se levanta la monumental escalinata, diseñada por Joseph Puig i Cadafalch para salvar el gran desnivel existente. En la zona central se halla la gran cascada de agua y en los lados las escaleras, que se combinan con zonas verdes, balaustradas, jarrones y esculturas.

En el arranque de la escalinata las dos esculturas que representan a dos jóvenes desnudos, son obra de Joseph Llimona, y la pareja de figuras reclinadas, situadas ya en lo alto en la zona del Mirador, fueron realizadas por Frederic Marés. El Estadio Olímpico se halla ya detrás del Palacio Nacional en el interior de la montaña. Fue proyectado y construido a partir de 1928 por Pere Doménech i Roura con capacidad para sesenta y dos mil espectadores, lo que lo convertía en el segundo estadio con más capacidad de Europa tras el de Wembley. Tras una larga etapa de abandono, fue rescatado para ser convertido en el edificio principal de la Olimpiada de Barcelona de 1992.

Del primitivo edificio sólo se han conservado las fachadas y la puerta de Maratón, cuyas esculturas ecuestres fueron realizadas por Pau Gargallo. El Pueblo Español fue construido por los arquitectos Francesc Folguera i Ramón Raventós junto con los pintores Xavier Nogués y Miquel Utrillo. Constituye una síntesis de la España monumental, creando un conjunto armónico como si fuera un verdadero pueblo con sus murallas, la plaza mayor, la iglesia, las calles y las casas, que reproducen diferentes ambientes peninsulares.